Comentario Nº 94, 1 de agosto de 2002
Japón y el sistema-mundo moderno
Si se considera la trayectoria seguida por Japón en el sistema-mundo moderno, se ve que ha seguido una vía poco habitual. Lo primero a observar es que fue una de las últimas zonas del planeta en incorporarse a la economía-mundo capitalista (yo fecharía tal acontecimiento a mediados del siglo XIX). Esa incorporación tan tardía se podría achacar a varios factores: la lejanía geográfica del Oriente asiático en general (y de Japón en particular) con respecto a los centros de acumulación de la economía-mundo capitalista; el vigor de las estructuras políticas locales, que hacía difícil la imposición del dominio colonial; y hasta cierto punto, la escasez relativa de riquezas susceptibles de saqueo.
Pero a mediados del siglo XIX la combinación de las necesidades expansionistas de la economía-mundo capitalista con la corrosión interna del shogunato Tokugawa permitió a Occidente "abrir" Japón y condujo a la Restauración Meiji. Lo que ocurrió entonces fue que las elites japonesas adoptaron una decisión bastante rápida y muy lúcida sobre la forma de defender colectivamente Japón y obtener beneficios en el sistema-mundo moderno. Son bien conocidas las medidas emprendidas: importación selectiva de tecnologías "modernas", tanto económicas como políticas, con el fin de crear un régimen que no pudiera ser allanado fácilmente por las presiones exteriores; y la creación de una estructura militar moderna.
En lugar de plegarse a la eventualidad de convertirse en premio adicional en los intentos de las potencias occidentales por "repartirse" China, entraron el juego como uno de los aspirantes al reparto. Diez años después de derrotar en una guerra a China en 1895, humillaron en otra a Rusia y conquistaron Corea. En 1914 declararon la guerra a Alemania incorporándose así a la primera guerra mundial, esencialmente una guerra europea, a fin de aumentar su cuota en China. Mantuvieron esa política hacia China durante los siguientes treinta años. En la época de la segunda guerra mundial se habían convertido en una de las principales potencias militares del mundo, y esta vez tomaron partido por Alemania y atacaron a Estados Unidos, lo que les proporcionó la excusa para conquistar todo el sureste asiático.
Desde el punto de vista japonés, la segunda guerra mundial fue una derrota terrible, en la que se perdieron muchas vidas japonesas, se sufrió un devastador bombardeo atómico y quedó destruida buena parte de su infraestructura industrial. Sin embargo, en muchos aspectos, la derrota fue una bendición encubierta. La derrota y la ocupación estadounidense obligaron a desmantelar el complejo militar y a instalar un régimen parlamentario liberal. No era el paraíso, pero sí algo mucho mejor que las estructuras políticas bajo las que vivían anteriormente los japoneses.
Las necesidades de Estados Unidos en la guerra fría contra la Unión Soviética, especialmente durante la guerra de Corea y después de ella, supusieron para Japón una oportunidad económica que aprovechó hasta el fondo. El hecho de que hubiera sido desprovisto por la fuerza de su maquinaria bélica le permitía dedicar sus energías a la arena económica. Y en veinticinco años escaló desde el estatus de un país semiperiférico medio hasta convertirse en uno de los gigantes económicos de la economía-mundo, uno de los pilares de lo que llamamos actualmente la Tríada. Esa transformación de su papel económico fue extremadamente rápida, bastante extraordinaria y ya irreversible. Es un hecho que todas las dificultades económicas de la última década no han cambiado básicamente su situación como uno de los principales núcleos de acumulación de capital en la economía-mundo capitalista.
Resulta interesante comparar lo que sucedió en Alemania con lo que sucedió en Japón en el periodo transcurrido desde 1945. Ambos países perdieron la guerra. A uno y otro se les denegó el derecho a la reconstrucción militar. Ambos tenían inmensos problemas socio-psíquicos internos sobre cómo afrontar la realidad de la derrota y la culpa por su comportamiento pasado. Ambos se hicieron extraordinariamente fuertes en el plano económico. Pero Alemania ha conseguido recrear para sí un papel político en el sistema-mundo, lo que Japón ha sido hasta ahora incapaz de hacer.
¿Por qué? La diferencia esencial entre la situación alemana y la japonesa era que tenían respectivamente como vecinos inmediatos –y en el siglo anterior, archienemigos– a Francia y China. Europa occidental necesitaba una restauración colectiva, económica, política y militar. Alemania y Francia eran aproximadamente iguales en tamaño y fuerza. Decidieron, en lo esencial, crear "Europa" en torno a una alianza franco-alemana. Eso permitió a Alemania rearmarse en el marco de "Europa Occidental" y la OTAN. Las heridas psíquicas causadas por las conquistas alemanas en Europa fueron sanando poco a poco, o al menos aliviándose, por lo alianza y la cooperación activa. La potencia hegemónica, Estados Unidos, bendijo esos esfuerzos, al menos durante bastante tiempo.
La situación del Oriente asiático era muy diferente. China se había convertido en un país comunista. No tenía interés en mantener lazos con Japón, y tampoco Estados Unidos tenía ningún interés en que se desarrollaran tales vínculos. No había ninguna "Francia" que pudiera ofrecer cobertura política para la reconstrucción militar de Japón. No había un amplio marco de cooperación en el que los países psíquicamente heridos por el comportamiento anterior de Japón –China, Corea, Sureste asiático– pudieran encontrar cura o al menos aliviar su dolor. Comparado con Alemania, actualmente un eje central de la integración europea, Japón sigue relativamente aislado en el plano político en el Este y Sureste asiático .
Hay una última cosa que añadir en la comparación entre Alemania y Japón. Ambos países contaban con una larga historia de nacionalismo etnicista, que concedía gran importancia a la "pureza" de sangre y de origen, por lo que repudiaba cualquier eventual "inmigración". Alemania se ha deprendido en gran medida de esa herencia, en parte por la vergüenza del holocausto hitleriano, y en parte por la necesidad de adecuarse a las nuevas normas culturales colectivas vigentes en Europa. De hecho, Alemania ha absorbido una gran cantidad de inmigrantes procedentes de Turquía, y si ahora refunfuña por ello, no lo hace más que otros países de Europa occidental o los propios Estados Unidos, que también se sienten molestos con sus propios inmigrantes.
Japón no se liberó de forma parecida de sus prejuicios culturales, en parte porque sus crímenes en la guerra no fueron tan atroces como los de los alemanes, y en parte porque no sufría la presión colectiva de sus vecinos para revisar sus normas. Por eso Japón sigue siendo hoy la única gran potencia económica oficialmente hostil hacia la inmigración. Eso no significa que no haya inmigrantes en aquel país. Están no sólo los coreanos (todavía ciudadanos de segunda clase después de cuatro o cinco generaciones) y también, como todos sabemos, filipinos, tailandeses, iraníes y muchos otros. Pero están totalmente marginados de la vida política y de hecho son algo así como ilegales.
¿Cuáles son los problemas que tendrá que afrontar Japón en los próximos treinta años? Pienso que Japón se hará todavía más fuerte en el proceso de acumulación de la economía-mundo. Pero para alcanzar una floración plena tendrá que resolver los dilemas políticos, militares y culturales que afronta. La dificultad política se puede plantear en términos muy sencillos: Japón tendrá que llegar a algún tipo de acuerdo político serio con China y con Corea (que se unificará en los próximos 10-20 años). Al menos que esto suceda, Japón no podrá desempeñar un papel político serio en el sistema-mundo. Lo que Japón puede ofrecer por el momento es su experiencia económica y el capital que ha acumulado. Pero crear una relación igualitaria entre los tres potencias del Oriente asiático no será en absoluto fácil, y el resto del mundo no contribuirá tampoco a ella.
En segundo lugar, Japón tiene que convertirse en una potencia militar "normal". Si logra un acuerdo con China, eso es factible. Si no, Japón se verá reducido a opciones desagradables: un resurgimiento del nacionalismo militarista de derecha, o la dependencia de Estados Unidos (lo que no es saludable para ninguna de las dos potencias).
Por último, Japón tendrá que adecuarse a la realidad cultural fundamental del mundo moderno: todos los países están destinados a la mezcla cultural, y la inmigración es una necesidad económica para cualquier centro serio de acumulación de capital. El desafío cultural puede ser el mayor de todos. pero en otros lugares hay ejemplos de reacomodaciones culturales espectaculares bajo la presión de la lógica y la necesidad. También puede muy bien ocurrir en Japón.
El Japón de 2025 será muy diferente del actual. Pero será bueno recordar que también lo será todo el sistema-mundo. Estamos viviendo una era de bifurcación caótica en el sistema-mundo. Las cosas cambiarán con una velocidad y de una forma mucho más turbulenta que nada de lo que hayamos podido conocer en los últimos 500 años. Japón, como el resto, estará en el vórtice de ese huracán, y los japoneses, como el resto, tendrán que imaginar cómo apañárselas en él.
Immanuel Wallerstein (1 de agosto de 2002).
© Immanuel Wallerstein 1998, 1999, 2000, 2001.
Copyright de Immanuel Wallerstein. Todos los derechos de reproducción reservados. Los Comentarios pueden bajarse al disco duro, remitirse a otros vía correo electrónico o colgarse en sitios no comerciales de Internet, siempre que el texto permanezca íntegro y se reproduzca la nota del copyright. Para traducir un texto, publicarlo en forma impresa o en cualquier otra, incluidos sitios comerciales de Internet o extractos, contáctese por favor con el autor en: iwaller@binghamton.edu; fax: 1-607-777-4315.